TODOS LOS MONSTRUOS #6

Me desperté tendido en el suelo.

No sabía cómo había llegado hasta ahí, pero varias botellas de bourbon elucubraban la respuesta.
Aún llevaba puesta mi gabardina. Recuerdo que me despedí de ti y me fui a casa. Lo que ocurrió después es una página en blanco.

Cada vez que me encuentro contigo entiendo por qué me he vuelto un gilipollas.
He construido un glaciar con mis sentimientos y, ahora, cada boca que beso es un portal en el que me resguardo cuando hay tormenta, sin llegar a entrar en la casa.

Cada vez que me miro al espejo adivino todo lo que no estoy sintiendo. Como el que lee entre líneas un texto lleno de cuchillas jugando a no cortarse.
Tú me enseñaste a no querer, justamente porque te quería.
Me enseñaste a no abrazarte con tal de que no me acostumbrara a tu fuerza de gravedad.
Me enseñaste a escapar de mí mismo sólo para que no te encontrara.
Te ensañaste conmigo, y me engañaste diciendo que me enseñabas.

Hiciste de tu debilidad la mía. Me dejaste un legado de hastío y desatino. Una caja llena de hilos y de agujas para que cosiera mi pecho de tal manera que estallara por dentro sin hacer mucho ruido.

De ti aprendí a caminar rápido para no memorizar tus calles. Fijarme en los detalles me facilitaría poner en venta tus portales. Me obligaste a lamerme las heridas, a atarme los modales. Me adoctrinaste bajo tu dictadura enmascarada. Tu orquesta estratégicamente desafinada.

Ahora sigo tatareando tu melodía,
pero te olvidas de que siempre seré tu debilidad,
porque te hice olvidar tus lecciones mientras me las aprendía.

 

Héctor.

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