Las cosas que te debo

Te debo el sí,
y el quizá no.

Te debo mil incertidumbres
y no saber en qué zona de la grada tengo que sentarme.

Te debo el conocerte demasiado sin saber quién eres.
La libertad y su jardín de flores.

Te debo el significado de todas las cadenas
que no me has puesto.
Y, por consiguiente, todas las cadenas que decidí tirar a la basura,
al no ponértelas.

Te debo la comprensión y la tolerancia,
la empatía
y ese tipo de libertad que sólo es tuya si consigues darla.

Te debo el saber quién soy
a cambio de intentar saber quién eres.

Te debo la planitud y la plenitud.
Los extremos que retumban en un pecho.
Y los acantilados que frecuento para recordar que tengo

y que me das
alas.

Te debo la verdad, el oxígeno, la paciencia.
Y todos los diálogos internos.

Te debo, al fin y al cabo,
aprender que el amor consiste en liberar al otro

y luego ir viendo.

Feliz hoy, Día Cualquiera

Puede ser que algunos días especiales esperes algo

y no lo recibas.

Puede ser que no recuerde fechas clave
y no pase
por todos los rincones del calendario por los que debería pasar.

Pero también pasa que días especiales, al año,
existirán unos veinte.

Treinta quizá.

Y si tenemos eso en consideración,
quedan sueltos 345 días.
345 días que merecen el mismo protagonismo que cualquier otro,
porque al final los acabamos desechando
y así pasa la vida,
sin darnos cuenta. Por no mirar a los ojos a todos lo días,
sino sólo a unos cuantos.

Así que, sí, prefiero venerar el día que menos esperas.

Un martes cualquiera. Un jueves. Un lunes quizá. Quién sabe.

Un día de tu vida, eso ya es suficientemente importante.

Feliz hoy, Día Cualquiera.

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TODOS LOS MONSTRUOS #4

Soy todas las rendijas de tu calle.
El empedrado que te lleva a casa.
La farola que se funde justo cuando pasas.

El suelo mojado, la puerta tapiada.
Las venas que encierra una manzana.

Soy cada portalón de madera que tocas con la mirada.
Las sombras de las que rehúyes,
los pasos que te acechan mientras andas.

Soy la lluvia, la escarcha,
tu melancolía.

Las llaves, tu puerta…
sin casa.

 

Part time lovers, full time fools.

 

Héctor.

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TODOS LOS MONSTRUOS #3

El tiempo que llevo perdido es incalculable.

Arrancándome la piel a tiras para escribir en ellas tu nombre.
Después las arrugo, las tiro,
como el escritor que no encuentra la línea perfecta. El cierre de su novela.

El rastro de tu estela.

La farsa de mi primavera.

***

Me gusta aguardar bajo la tormenta mientras te espero.
Es mi momento favorito del día. En el punto más álgido del chaparrón,
cuando el trueno no espera a que desaparezca el rayo, protagonizando a la vez
un orgasmo.
El trueno retumba en mi pecho y

aunque es oscuro y triste,
me recuerda que estoy vivo.

Que te estoy esperando.

Siempre está esa tormenta
en la esquina en la que aguardo.

El día está soleado,
y la gente le sonríe al cielo claro.

Yo, sin embargo,
ando medio vagabundeando bajo un sol que me desquicia.

Hasta que llego a la esquina donde se juntan tu calle y la mía,
donde siempre está lloviendo.

Eso me encanta. Mis dos cosas favoritas.
La lluvia.
Un encuentro.

 

Héctor.

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