HARTO

Harto. Harto de tus valores, harto de tus motivos. Tremendamente harto.
Harto de lo que consideras arte, harto de tus principios inquebrantables, harto de tu misoginia y de tu homofobia. Harto de tu claustrofobia. De tu más allá y menos acá. De tus juicios y prejuicios, de tus ‘ergo’ después de algo y de tu ego después de tanto.

Harto de ti, mundo insano, harto de que me impongas alzando siempre primero la mano.

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Madrid es eso

Madrid es eso.

Madrid es sentirse invencible. Madrid es que no te responda al mensaje y que no pase nada. Madrid es recorrer todas las calles que unen Antón Martín con Bilbao escuchando Dos noches en el Price a todo trapo. Sentirse videoclip, cantante y actor en lo que recorren veinte pasos.

Madrid es no encontrarse y seguir buscando. Madrid son los ladrillos rojos y las baldosas negras. Madrid es amar la soledad con la compañía de cien mil transeúntes. Madrid es despertar con el sonido de los coches y volver a casa con todos los colores del mundo en el cielo.

Madrid es eso.

Madrid es el amarillo de sus luces y el calor de sus tabernas. Es recorrer una ciudad a pie como quien recorre un pueblo.

Madrid se hace pueblo cuando la ciudad se convierte en casa.

Madrid es el escepticismo, el cinismo y el despecho. Es la intensidad, la melancolía y la morriña. Y todo al mismo tiempo mientras lo hundes en tu Mahou y te lo bebes de un sorbo.

Madrid son las putas de Montera, los suburbios de la Gran Vía y todos los bares que te engullen y adelantan las horas del reloj por la noche. Madrid es olvidarte de volver a tu cama.

Madrid es eso. Madrid es latencia y una patria de la que hasta ahora renegaste, hasta que viviste en Madrid.

Madrid son las hojas otoñales que pisas por la Ciudad Universitaria. Y todas las barandillas negras que son como de lija.

Madrid es el calor del metro una tarde de febrero. Y todos los restaurantes de la gastronomía mundial que habitan en sus calles. Madrid es vestirse como quieras y que nadie te mire. O que te miren todos.

Madrid son los ojos que te buscan al entrar en el bar. Madrid es un “¿Qué os pongo?” y un “Me pones”. Un cruce de palabras. Un hasta siempre disfrazado de hasta nunca. Un hasta nunca con alma de hasta siempre.

Madrid es siempre. Madrid es todo. Madrid es poco.

Madrid es todo lo que te encuentras desde que sales de casa hasta que vuelves a ella. Eso es Madrid. Todo lo que no te esperas. Madrid es cien veces una historia y cien historias a la vez.

Madrid es eso.

Y yo sigo siendo de Madrid.

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TODOS LOS MONSTRUOS #2

Hacía mucho tiempo que escapaba de la lotería de cruzar un par de palabras con las suyas. Nunca sabía a qué altura de la conversación me mostraría vulnerable, y eso era un lujo que yo no me podía permitir.

Ni todo el oro del mundo pagaría un interés por ser valiente que, desde luego, yo no tenía. Ni existía. Me sentía a gusto siendo pequeño a su lado y eso me desvalijaba el alma. Mis principios habían pasado a ser finales y mis ganas de imponerme se disipaban por momentos. Llanamente me dejaba llevar. No era feliz pero tampoco desgraciado. No estaba lleno a su lado, pero tampoco repicaba el sonido que hace una gota cayendo en la nada. Ni todo estaba bien, ni todo estaba mal. Estaba. Y eso era todo con lo que yo me conformaba.

Héctor.

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