A favor de lo común

 

Está muy de moda seguir lo distinto, venerar lo alternativo y escapar de la masa. La gracia está en el detalle de que eso, precisamente, está de moda, y al final el que se las da de alternativo termina siendo un borrego más.

Parece que decantarse por Friends antes de Cómo conocí a vuestra madre está mal visto. Que reírse con la tipa de la máscara de Chewbacca es demasiado mainstream porque cómo te va a hacer gracia, joder, si es lo que le hace gracia todo el mundo. Y ¿si comparo mi día a día con Sexo en Nueva York, ya no soy original?

Cómo voy a defender una figura pública de la televisión actual si es mejor alabar la interpretación de Alain Delon en ese filme que nadie recuerda. Qué bien queda ser fan de Jacques Brel y negar hasta el infinito que también bailas, sinvergüenza, con el Picky Picky.

A todo ese tipo de gente, tan sólo unas palabras: Me aburrís. Me aburrís soberanamente.
Yo pienso que el distinto es el que reconoce abiertamente y sin tapujos que también le gusta lo común.
Querer conocer lo distinto, ojo, es una idea estupenda. Pero que si reconoces que La valse d’Amélie al piano te sigue emocionando, no pasa nada. Y si tres semanas antes de Navidad te gusta ver Love Actuallytampoco. Que la gente se pone muy cansina, muy estupenda y muy pesada, y a mí tu rollo de enterao me aburre un mundo. Me gusta la gente natural, y lo natural es que de vez en cuando te guste lo que le gusta a todo el mundo, que por algo le gusta a todo el mundo.

Y ya puestos a sacar la vena friki de comunicación, por la presente afirmo sin que me tiemble la voz que lo que mueve masas no tiene por qué ser estrictamente malo. Precisamente, todo lo que implica a una masa implica todo lo bueno y todo lo malo, por el mero hecho de ser masa. Y si el fútbol es un deporte que mueve millones de manera inexplicable e insultante, también ha convencido a masas para cambiar un problema, como la brillante campaña Inmortal fans, que consiguió que Brasil donara más órganos que nadie gracias al fútbol y todo lo que éste mueve. O personajes como Aless Gibaja que se forra por hacer el idiota, pero también ha conseguido que no sé cuántos adolescentes no se quiten la vida a causa del bullying; o Dulceida, que muy pija ella y muy típica, pero inspiró incontables salidas del armario y sentimientos de libertad. Y así podría estar horas, enumerando a personajes que generan un odio automático sólo por ser hijos de la masa, cuando han sido mucho mejores que cualquier desconocido sólo por usar su poder comunicativo para una buena causa. Y ahí está la verdadera diferencia: en aprovechar lo común para ser diferente. Que el problema no está en el continente, sino en el contenido. Y ser mainstream no está nada mal si lo aprovechas para hacer de lo que te rodea un lugar mejor.

Así que aquí mi manifiesto a favor de lo típico y de lo que le gusta a todo el mundo, porque la diferencia no está en lo que miras sino en cómo lo miras. Y para mí, el gran mérito no lo tiene quien me enseña algo diferente a lo común, sino quien me enseña a ver lo diferente en lo común. Quien sabe ver lo que nadie ve donde todo el mundo está mirando.
Al fin y al cabo, con toda la oferta que hay en el mundo, encontrar algo distinto es realmente sencillo. Pero tener la naturalidad y seguridad de abrazar lo común y saber exprimirlo bien, eso… Eso no lo es tanto.

Quizá prefiramos una tarde comiendo pizza, viendo Mulán y aprendiendo de nuestras torpezas que una tarde degustando tofu, aprendiendo de Casablanca y olvidándonos de nosotros mismos.