/SinDecirNiAdiós

Como decimos en Mallorca, hoy me ha “revenido” la triste noticia que hace unos días circulaba por nuestra segunda casa: la red.

Así, sin avisar. Sin decir adiós. Como el cruel amigo que desaparece en mitad de la noche dejándote solo y desamparado o como esa persona que te gusta y anda rondando por el lugar hasta que decide marcharse quién sabe dónde y te deja a ti sin poder jugar a las miraditas furtivas ni un minuto más.

De un plumazo, se fue. Y se llevó con él todos nuestros recuerdos. Se llevó nuestro primer contacto con ese mundo llamado Internet. Como la expareja que rompe todas las fotos y quema las cartas para no vernos más sin darnos ni la oportunidad de recoger algo para el recuerdo y guardarlo como un tesoro, con el cariño de aquél que guarda y recuerda un instante de felicidad pasada.

Sí, la culpa la tiene Fotolog.

Fotolog. Nuestro primer blog. Nuestro primer medio de compartir fotos con extraños. Nuestro primer #postureo. Donde empezamos subiendo fotos nuestras hechas con temporizador porque sólo los más innovadores apostaban por los selfies. Lo más loco era contra el espejo y siempre con flash. Porque quedaba chulo. Donde empezamos las declaraciones de amor infinitas a cualquiera y a la primera de cambio. Donde eScRibiR aSí era lo más bonito y decir te amo era más común que un simple adiós.

Adiós. El que no nos diste tú.

Era 2005. Y todos nosotros unos adolescentes recién abandonados en ese territorio inexplorado y desconocido de códigos binarios. Terra, Habbo Hotel y Messenger eran nuestros aliados. Pero Fotolog… Fotolog era otra cosa.

Era la tierra en la que tenías el deber de escoger tan solo UNA FOTO, en la que cavilabas todo el día, ya que Fotolog nos lo daba todo pero nos educaba al mismo tiempo: aprende a racionar. Aprende a escoger. Fue el padre que vino a educarnos al mismo tiempo que llegaban las cámaras digitales y nos permitían sacar innumerables fotografías estúpidas. Y ahí estaba Fotolog: sólo una, niño.

Porque, obviamente, aquello de Gold sólo era cosa de los mayores o de los niños de papá. Y tú, miserable, no eras ninguno de ellos. Tú eras un simple títere de la juventud que tan sólo aspiraba a un triste F/F’s.

Pasó 2005, ese año en el que todos nos descubríamos a nosotros mismos, de cuál era nuestro mejor perfil en la foto y nos dábamos cuenta de que ya no éramos niños. No, por Dios, éramos mucho más que eso: éramos adolescentes. Y teníamos nuestra risa y nuestro llanto en una sola mano, y Fotolog a un solo click.

Llegó 2006 y ya éramos los veteranos. Los que ya estaban hartos de líos. Los que distinguíamos perfectamente a la suelta del lugar y al guaperas del paseo del Borne. Y Fotolog también lo sabía, y con un simple repaso al mes de agosto en el perfil de la persona ya elaborabas un juicio de su estatus social. Sabíamos tanto de Fotolog y teníamos tantos amigos que teníamos que rompernos la cabeza copiando y pegando comentarios en un mismo solo porque no nos cabían más. Eso sí era alimentar el ego, y no los likes.

Empezaban los grupos y destacaban los que conocía toda Palma. Los más chungos, las más pijas y hasta las grupies de grupos (de grupos de chicos, claro, no de música). Todos nos acordamos de ese grupo con nombre de marca de preservativos y todo lo que sucedía alrededor. Y Fotolog ahí, aguantando, en pleno 2006, harto de todos esos grupos y de sus desfiles. De nosotros… Y de Tilllate, claro.

Y, de repente, 2007, como un rayo y de la mano de 2008. Fotolog entraba en decadencia, pero por supuesto no moría. Ya no nos parecía un drama el límite de una foto al día porque nos permitíamos el lujo de no subir foto en tres y cuatro días. Ya no le pedíamos a nadie “¿Me actualizas tú?” cuando nos íbamos de viaje. Todos cambiamos. Nos dejamos por fin de “te amos” y pasamos a algo más serio: a no decirnos nada, o quizá a llamarnos hermano, como mucho. Pasamos al abandono radical de eSta fOrma dE esCriBir y sí, nos olvidamos de El Canto del Loco para ser absolutos seguidores de Los Piratas y todo el mundo indie. Iván Ferreiro era Dios y nos volvimos nihilistas soñando con no soñarAbandonamos esos párrafos melosos acompañando a fotos en blanco y negro con sólo un elemento de color para pasar a las fotos de temperatura fría, siluetas melancólicas y hojas otoñales. Edificios reflejados en charcos y una sola frase, una sola, lo más profunda posible. Despedíamos la publicación con un punto ahí en la intemperie, o una coma, incluso un par de guiones bajos. Pero eso era todo, nada de hacer un repaso de las frases más célebres del día que habían pronunciado las personas que queríamos. Quizá era una forma de despedirnos de la adolescencia. De empezar a ponernos serios.

Llegó 2009 y todo el mundo se olvidó de Fotolog… porque, amigos, llegó Tuenti. Ese colega nuevo y aparentemente más enrollado que nos deja subir álbumes de 154 fotos de esta tarde de cine. Y se terminaron las palabras profundas o las reflexiones acerca de la vida y la adolescencia que nos hizo florecer nuestro antiguo amigo de siempre, el Fotolog. Ya no éramos filósofos, ya no éramos indies… Ahora sólo éramos muchachos de Bachillerato más cercanos a la vida universitaria que a esos patios de recreo después del desfile de Montesión.

Y así fue nuestro paso por Fotolog. Tan lleno de dedicatorias, tan lleno de amor y desamor a partes injustamente desiguales. Tan lleno de comentarios, de fotos de las que nos avergonzaremos eternamente y de otras fotos y reflexiones (más cercanas a 2008 que a 2006) que nos encantaría volver a ver y leer. Parece mentira que en cuatro tristes años Fotolog nos aguantase como a dos personas distintas: la de 2005-2006 y la de 2007-2008.

Y hace unos días se fue. Sin avisar. Sin decir ni adiós. Llevándose con él todos estos recuerdos que yo he intentado encerrar aquí como quién decide narrar por escrito aquella relación de la que ya no queda rastro por un acto vil y sin escrúpulos.

Adiós, Fotolog. Yo sí me despido.

Para ti quedan todos los recuerdos que ya he olvidado.