Y al final lo acabaré reconociendo

En esta trama intangible de mi vida, los segundos saben mejor porque corren hacia atrás. El reloj se me ha caído al suelo y de repente marca un porrón de horas que van restando, y no al revés. Y así se van dorando mis amaneceres y mi paz empieza a decidirse a salir a bailar.

En esta trama intangible de mi vida, lo intangible tiene sabor y ese sabor es agridulce… Y sacude tan fuerte que parece tener más cuerpo que tú y yo.

Y si me preguntan que si creo en la magia, mencionaré esto, mientras descubro que sí existen las hojas del calendario y que, tras varios meses, está empezando a importarme en qué día vivo.

Y toda esta historia provoca que haya dejado de escribir un poco, para que no me adivines más de la cuenta. Para no contar más de lo que debería y llenar esta antesala -con un pasillo que se antoja infinito- con palabras que prefiero reconocer y hacer mías al otro lado de la mesa, y no de la pantalla.

Pero al final me sale, porque ahora el tiempo es puente y dentro de mí es festivo.

Y así, me encuentro sonriendo por la más ridícula tontería y quería callar líneas para no evidenciarme, pero me es imposible porque las palabras brotan de mis poros y ya estoy sudando mucho.

Y no quería, ni tan pronto ni tan fuerte, pero al final aquí estoy.

Con mis palabras y mis sensaciones en la mano para acabar reconociendo estas líneas…

…y que te creas finalmente que son tan tuyas como mías.

Plan detox contra la gente tóxica

Hoy me voy a tomar la libertad de colaborar contigo sin tu permiso.

Voy a colaborar individualmente con Neus. Así que ahí va este tándem de una plaza:

Este fin de semana mi amiga Neus nos va a deleitar con su plan detox en el que, paso a paso, nos indicará cómo liberar toxinas de nuestro cuerpo mediante ricos batidos, conocidos -en este mundo “anglosajonamente” influido- como greens, a través de su blog. 

(¿Que no lo conocéis todavía? Aquí lo tenéis. De nada.)

…Y yo, pues me he tomado la libertad de colaborar con su blog y elaborar, paralelamente, un plan detox contra la gente tóxica.

El otro día escribía sobre la gente maravillosa que habita en nuestras vidas y que nos hace la vida más fácil. Y hoy me voy a tomar la tremenda molestia de prestar atención -sólo durante lo que dura esta entrada- a la gente tóxica. Que por ahí he leído que no existe gente tóxica sino los pensamientos tóxicos que tenemos sobre ellos… Y no estoy del todo de acuerdo. Claro que existe gente tóxica cuyas toxinas emergen desde sus entrañas y las que nosotros, lamentablemente, tenemos que respirar porque no nos queda otra.

Se cruzan en nuestro día a día infinidad de ellos, y voy a elaborar una pequeña guía sobre tipos de personas tóxicas y sobre cómo respirarlas.

#1 La toxina de la decadencia emocional

Son ese tipo de personas cuya mayor aspiración es encotrarle sentido a su deprimente vida. 

Mentira. Su principal aspiración es tratar de hundirte a ti también en la más absoluta miseria y así pelear contigo por la puerta de madera que flota al lado del iceberg. Y no, no debemos interpretar el papel de Jack y permitir que Rose yazca tranquilamente en su balsa mientras nosotros caminamos en picado hacia la grieta más profunda y fría de la vida. No. Aquí venimos a flotar, aunque sea en un mar de dudas, pero a flotar. Y este tipo de personas no deben inpedírnoslo, porque tratan de utilizarnos como su propia balsa y, si nos tienen que ahogar para mantenerse a flote, nos ahogan. Su vida oscura, llena de desgracias, de mala suerte, de “por qué a mí”, de “puto Murphy”, de negatividad, no debe tintar la nuestra. Nuestra vida es sol y estas personas son eclipse. Y no debemos eclipsar nuestros días tratando de sacarlas a flote porque nos ahogaremos como quién se lanza al oleaje a salvar al otro sin un objeto salvavidas.

Recuerda: Si no aplican nuestros consejos para salir a flote a la tercera vez que se los brindamos, quizá es que prefiere la piedra con la que tropieza antes que la mano que le tiendes. Estar siempre quejándose es el camino más fácil y vulgar para ser el centro de atención.

#2 La toxina de la envidia

Ah, la envidia… Vieja habitante de este planeta. La poseen ese tipo de personas que subconscientemente creen que tu vida es más rica que la suya, y por eso la menospreciarán hasta el infinito y más allá. 

¿Que pareces feliz? Estás aparentando. ¿Que parece que te diviertes? Seguro que te aburres todo el tiempo que no se te ve. ¿Que se te ve bien con tus amigos o tu pareja? Seguro que es todo fachada. No pasa nada, siempre hay un motivo para poner en duda esa alegría que te caracteriza y que ellos no han conquistado (ni conquistarán, porque la alegría propia sólo se alcanza cuando se deja de prestar atención a si la tienen los demás).

Recuerda: Nunca aprobarán tus decisiones. Nunca les parecerá del todo bien lo que hagas. Siempre habrá un pero, una duda, ese toque aguafiestas. Pero piensa, ¿coincide esta gente con tus familiares cercanos o tus amigos incondicionales? ¿No, verdad? Pues ahí lo tienes.

#3 La toxina de la traición

Qué bonito es el humo que me vendes, pero no fumo y me irritas la garganta.

Y llegan los magos. Aquéllos que te hacen sentir único y excepcional cuando están en frente de ti, y la más absoluta basura cuando no. ¡Tachán! Bombas de humo, lanzamiento de cuchillos, sacan conejos de su chistera (ya sabéis a qué me refiero), te cortan en dos con un serrucho… Y lo peor de todo, es que llevan a cabo todas estas maldades con la mejor de sus sonrisas. 

Recuerda: Quizá el problema no es de ellos, pues te advirtieron de su don que hasta Copperfield envidiaría. Quizá el problema eres tú, que no dejas de acudir a su espectáculo y dejarte el dinero para sorprenderte cada vez con lo mismo. Cambia de escenario, compra otros tickets, asiste a otro festival. Su espectáculo no es único, así que toma una decisión: O dejas de asistir, o dejas de ofrecerte como voluntaria para sus trucos, o aprende a mirarlo con otros ojos.

Al fin y al cabo la vida es un circo, pero sigo defendiendo el hecho de prohibir los animales en él. 

#4 La toxina de la lacra en la amabilidad

Sí… Esa gente. Esa gente que no sonríe. Que no te da las gracias. Que no te pide las cosas por favor. Que tiene alergia a decir “disculpa”. Que parece una tontería todo esto…

Y no. No lo es. De ninguna de las maneras.

Las palabras mágicas. Parece mentira que una palabra tan simple como “Gracias” siente igual que un soplo de aire fresco. Por no hablar de añadirle “Muchas” al principio y un nombre propio al final. “Muchas gracias, Silvia”. Probadlo con vuestro nombre. Decidlo en voz alta. ¿Maravilloso, verdad? Maravilloso decirlo y escucharlo. Ponedlo en práctica. Veréis que no miento, que sienta casi tan bien como los batidos de Neus.

Hay quién no lo hace, pero no pasa nada. Este apartado está más enfocado a realizar una introspección y hacerlo nosotros en lugar de esperar que lo hagan los demás. Quizá, solo quizá, si todos nos molestamos en hacerlo y en predicar con el ejemplo, llegue el día en que dejemos de esperarlo para finalmente recibirlo.

Hay que ser amable y educado. Es algo increíblemente fundamental. 

Ah, y sonríe. Aquí te explico por qué: Por favor, sonría.

Y, de momento, éstas son las 4 clasificaciones que más gente tóxica engloban.

Recuerda: Existe gente tóxica, claro que sí. De ti depende respirar su humo y tragarlo… O respirarlo y soplárselo a la cara.

Oferta de trabajo

Busco alma hambrienta,
indecente,
descarada y valiente.
Para vivir a jornada completa, de lunes a domingo,
full time job.
Gratamente remunerado.
¿El sueldo? Los momentos no pagados.

Las sonrisas,
los agradecimientos
y la intensidad
son el bonus al mejor empleado.
La paga extra de Navidad, los abrazos a tus seres más cercanos.
Y la bajada de sueldo en verano solo será el calor que nos mantenga puntualmente separados:
“Quita, que me aso”*
*(luego en casa incendiaremos el termómetro)

Soy polifacética. Pluriempleada.
Y no declaro nada a Hacienda,
me declaro sólo con la mirada,
y marco la casilla “Bésame ya” en la declaración de indecencias.

Arquitecta de ambiciones,
pintora de sonrisas,
sanadora de desesperanzas,
escultora de ilusiones,
acróbata mental,
domadora de palabras.
Cirujana de surrealismos,
funcionaria en la nada,
actriz en “No me importa”,
CEO en tu cama.

La vida es el trabajo más serio
que jamás tendremos.
Una oportunidad única
con un único despido
lleno de flores y gente vestida de negro.

Así que trabajemos bien esta vida,
abandonemos la cola del INEM de los desamparados,
y firmemos el contrato indefinido.

De acuerdo con la nómina,
usted pasará a ser:
Eterno becario de sentimientos,
publicitario de intenciones,
distribuidor oficial de sensaciones,
músico de orgasmos,
catador de placeres,
corredor de fondo en proposiciones,
equilibrista en “¿por qué no?”,
Director General en “Me pones”.
Fundador de momentos infinitos
con incontables asociados.
Representante de meteduras de pata,
mago de silencios,
Recursos Humanos en sus ámbitos internos.
Anestesista de momentos amargos
y, por supuesto, retirado de “No me arriesgo, por si acaso”.

Firme aquí,
estrécheme la mano,
y bienvenido a su periodo vacacional más largo.

Y ahí seguís

Qué bonita es la vida, joder, con las personas adecuadas.
Menos mal que se fue quien ya se ha ido.
Menos mal que se quedaron quienes están ahí.
Menos mal que aparecieron los que recién llegaron.
Menos mal que vuelven los que tienen que volver.
Menos mal de la gente.
Qué bueno que estéis.
Menos mal de vosotros, de la gente maja.
De la que me escribe diciendo que le inspiré escribir.
De la que se molesta en escribirme para decirme que la emocioné.
Menos mal de todos los que me habéis comprendido.
Los que me habéis perdonado.
Los que decidís quedaros en mi vida con el título que sea,
pensando que sacáis provecho,
cuando aquí la verdadera afortunada soy yo.
Menos mal de mi familia, que me apoya incluso en lo que yo nunca me apoyaría.
Menos mal de los extraños que me sonríen, de los que me facilitan la vida.
Menos mal de vosotros,
que os tomáis a risa todo y hacéis de la NATURALIDAD algo vital.
Qué bueno ser natural, joder, claro que sí.
Gracias por los buenos momentos, “por los días que vendrán”.
Por alimentar mi compañía iluminando la pantalla de mi móvil.
Por acordaros de mí cuando suena “Maggie Despierta” del primo escocés versionada por los Clan.
Cuando suena Tina Turner,
Bruce Springsteen,
Donavon Frankenreiter (ése con muchas Ds)
o American Pie de Don McClean
y me lo hacéis saber con notas de voz.
Gracias por enviarme una foto cada vez que Bruce Willis aparece en una pantalla.

Gracias por acompañarme aún estando remotamente lejos.
Por mantener la conversación conmigo un mes después.
Gracias por grabaros tocando Old Pine de Ben Howard,
Vis a Vis de Leiva
o tu nueva canción
y enviármelas.
Gracias de verdad a vosotros,
divinos artistas en mi vida,
por darme el inmenso honor de conocer en primicia vuestro arte.
Qué afortunada me siento.

Porque sí, estaré enganchada al móvil, a las redes sociales, y lo reconozco sin remordimiento.
Porque ahí detrás estáis vosotros
dándome la puta vida, cada día.
Arropándome en la distancia con vuestras palabras y detalles.

Y todo este cariño, amor e intensidad (que siempre deben ser infinitos), me los guardo para cuando os vea a todos,
uno a uno,
en las islas, en el norte, en el centro, en el sur
o en la conchinchina,
para devolvéroslos en forma de abrazos
intensos, fuertes e infinitos
como el amor que siento por vosotros.

GRACIAS,

y seguimos conversando.

La sangre me fluye así

Una noche más, me cuesta dormir.

Ando dándole vueltas, aunque no quisiera, a la película que me repito una y otra vez últimamente… Y me hallo reflexionando acerca de mi inestabilidad emocional, laboral, física, presencial y, en definitiva, vital.
Y una vez más estoy aquí, para… ya sabéis, sentirme mejor.

No puedo evitar mirar con recelo a quiénes se encuentran estables y en paz, y entonces recuerdo que miraba con recelo a quiénes eran almas errantes por aquél entonces en el que yo estaba estable.
Y pienso que ya vale,
que ya está bien,
de tanta inconformidad.
Que ya está bien de envidiar lo que no tengo, cuando lo que tengo es lo que cualquiera envidiaría.
Que la inestabilidad de hoy son los cimientos de mañana.
Que la indecisión de ahora mismo será lo que seguro que no querré más adelante.
Que las grandes y más ostentosas estructuras han tenido que ser construidas primero.
Que los más bonitos edificios tienen en sus entrañas amasijos de metal y cemento gris.
Que al cielo más soñado hay que ascender.
Que la vida es poesía y la poesía no existiría sin dolor,
sin angustia,
sin ansiedad.

Que no me puedo quejar.
Que en mi escasa vida,
en mi escaso paso por este mundo,
he vivido unas historias que nadie en muchas vidas.
Que he sido y soy la envidia de mis amistades por los relatos que salen de mi boca.
Por las oportunidades que brotan en mis manos.
Por las líneas que escapan de mis dedos.

Que en tan sólo seis años
-seis míseros años-,
he viajado por medio mundo,
he descubierto diversas culturas,
he potenciado todas mis ramas artísticas,
he vivido dos historias de amor dignas de prosa,
he vivido romances dignos de poesía,
he experimentado tramas dignas de teatro.

Que lo más surrealista me ha sucedido a mí,
que cada persona que ha irrumpido en mi vida, con su historia, ha superado a la anterior.

Que no puede hacerme más feliz el hecho de reírme de la frase “¿Qué más me queda por vivir?” cada vez que la vida me sorprende.

Que esto es sólo el principio.

Que lo que tengo entre manos es excitante y me excita, que quién aparece me da vida y quién desaparece me da más.

Que lo bueno no está por llegar,
que lo bueno está pasando.

Que la palabra perfección tiene letras con relieves e irregularidades, y éstas existen gracias a sus brillos y sus sombras. Que una parte no puede sin la otra. Que se complementan, que hacen una.

Que el truco no está en buscar la vida sino en que la vida te encuentre.
Y así, poquito a poco, ir descubriendo que uno brilla bajo la luz pero que también proyecta una sombra…

…y hasta Peter Pan quiso coserse a la suya.

“Desafiando el oleaje sin timón ni timonel”

Tengo el corazón gastado, maltratado, pateado… Ya no puede sentir más.

Bajo la tormenta.
La tormenta perfecta con final alternativo (sólo faltaría).

Que a ratos siento que me ahogo mientras veo entrar los rayos de luz desde la superficie.
Que a ratos no veo ni luz, que sólo me zarandeo de un lugar a otro en una oscuridad donde me falta el oxígeno. Oxígeno que se me escapa en forma de burbujas que, paradójicamente, alcanzan la superficie. Mi propia vida escapándose al lugar que me daría la vida.

Y, de repente, como un milagro, algo me impulsa a la superficie y consigo coger una bocanada de aire. Se me hincha el pecho. Ganan espacio mis pulmones.
Ah, pensaba que me asfixiaba.

Lástima que sea incapaz de subir por mis propios medios a coger esta bocanada y necesite de ese impulso exterior,
que odio
y que me da la vida al mismo tiempo.

Y, antes de lo que debería, ahí está. A escasos metros. Frente a mí. Se alza como un muro monstruoso. La siguiente ola de la tormenta. Esa ola que se desplomará sobre mi insignificante cuerpo y me precipitará al vacío de la profundidad de donde acababa de salir.

Vaya por Dios.

Otra vez no.

Otra vez ese estruendo.

Otra vez la oscuridad. Los movimientos bruscos. La falta de oxígeno.

Y ese “Me rindo” retumbando en el silencio de mi cabeza entre el estruendo del oleaje.
“Me rindo, voy a dejar de forcejear”. Me voy a dejar llevar por la fuerza de este huracán. A la deriva. Voy a dejar mi cuerpo inerte.
Que me lleve la marea…

Y de pronto esos rayos de nuevo, acariciándome la piel.
Ah, la superficie. Está ahí.

Voy a estirar el brazo, aunque no me quede apenas fuerza ni para eso.
Voy a sacar la mano, a ver si, entre el oleaje…
…alguien la agarra y tira de ella.

http://youtu.be/e5-vkCCuvcY

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Si yo te contara

Si yo te contara,
no lo creerías.

Si yo te contara,
no me mirarías igual.

Si yo me abriera el pecho,
las entrañas,
y la indecencia,
no darías crédito.

Sin embargo,
me abro por fascículos.
Por pequeñas entregas,
a cuentagotas.

Me abro a los coleccionistas,
a los que construyen la maqueta.
A los que quieren la pieza.

Me abro a todos,
pero nunca a fondo.
Todos saben algo de mí,
y casi nadie todo.

Me abro por piezas,
por engranajes sueltos.
Me abro tímidamente,
y visto de gala al muerto.

Selecciono a quién le cuento qué,
a quién sabrá de mí.
Escojo mi caudal,
y distribuyo mis vertientes.

Todo se resume en una dosificación
de mi realidad
según el oyente.

Te lo cuento con cuidado,
con el tacto necesario,
con el misterio más sincero.
Te cuento un trozo
para acabar contándotelo entero.

Porque si te lo cuento todo de una vez,
sin ese encanto
de dibujar mis líneas
pensando el trazo…

…no lo creerías,
no me mirarías igual,
no darías crédito.