Sonrisas de ion de litio

Sonrisas que cargan pilas.

Sonrisas que dan las gracias. Sonrisas que dicen “hola”. Sonrisas que calman. Sonrisas, sonrisas. Sonría.

Sonreír es el idioma universal y eso lo he aprendido viajando. Sonreír abre puertas, y si no me cree, sonría.

La risa es alma, es fuerza, es deporte. La risa cansa, deja sin aire y mata. Y mata dándole la vida.

Por eso, sonría.

Dígame si no cura la risa, cuando después de reír a carcajadas duele tanto la barriga. Dolor plácido abdominal, dolor de abdomen teñido de risa.

Sea amable, acomode la existencia del prójimo en el sillón de su sonrisa.

Sonría. Por favor, sonría.

Que su sonrisa me da la vida. El aire que se escapa de su risa es brisa marina.

Por eso háganos el favor,

y sonría.

Que la Mona Lisa se hizo famosa porque sonreía.

Hasta el más serio da la vida cuando sonríe. Sonreír es una pausa. Es bandera blanca. Es son de paz. La sonrisa es la moneda de cambio más válida, que no entiende de fronteras.

Ni de razas.

Y, cada vez que alguien sonríe, me traspasa.

Por eso, sonría.

Que mi alma está en venta si me pagas con sonrisa.

Sonrisas de ion de litio. Sonrisas respetuosas con el medio ambiente. Y, si alguien se ha dejado la sonrisa en casa…

…por favor, sonría,

regale la suya, préstela, tómela prestada.

Porque la sonrisa, hermana de la felicidad, es lo único que, si se comparte, se multiplica.

Por eso, por favor, sonría,

y hágase a usted mismo el favor

de multiplicar por mil su vida.

la foto

Haz cosas por primera vez

La gran mayoría de la humanidad anhela ser un niño otra vez y yo siempre me he preguntado por qué.

Ser niño es difícil, los niños son crueles, aún te queda todo el colegio, eres muy dependiente y te espera la adolescencia. ¿Por qué volver a ser un niño, si se puede tener la mentalidad de uno con todas las ventajas de ser adulto?

Al final, descubrí la respuesta: Lo emocionante de ser un niño es que casi cada día se hace algo por primera vez. Descubrimos el mundo y las personas, semana tras semana de nuestra infancia hacemos cosas por primera vez. Después, con el paso de los años, nos limitamos a repetir experiencias y acontecimientos.

La clave de todo esto está en explorar, en interesarse y ser curioso, de este modo seguiremos haciendo cosas por primera vez y experimentando con el mundo que nos rodea.

Sólo así mantendremos vivo el niño que llevamos dentro.

Explora. Haz cosas por primera vez.

Baptêmes pieds-lourds

Las letras que duelen. El dolor de las letras.

A veces, cuando escribo, me duelen las palabras.

Lo que pasa es que hay dolores y sufrimientos que dan placer. Como comer picante, como llegar al límite, como las agujetas, o incluso en el sexo (teniendo en cuenta la brasa que nos están dando con esa desfachatez de película).

Por eso, soy más partícipe de “hay muertes que amas” que de “hay amores que matan”. Aunque, generalmente, ambas frases desembocan en el mismo mar. Siempre un mar de dudas y de ambigüedad. Un mar de sufrimiento.

Que engancha. Lamentablemente.

No sé si será porque me las doy de que escribo, a veces incluso hasta de poeta, y por eso me suelo agarrar a estas muertes dulces. Porque morir es sano siempre que vuelvas a nacer después. Y nacer es divertido y nunca entenderé cómo hay gente que sólo nace una vez en la vida.

Como el ave fénix, las cenizas son alimento. Pero un alimento que hay que digerir. Y hay personas que no las digieren, nadan en ellas en su infinita desgracia (de la cual se alimentan) y son personas oscuras y siniestras toda su vida. Y, aún más estúpidas que estas personas, son las personas que se sienten atraídas por ellas.

Personas que se agarran a ellas para caer al inframundo de Hades porque resulta que es adictivo, en lugar de buscar dioses con los que ascender al Olimpo (donde, por cierto, se vive mejor que en el inframundo). Aunque sea más difícil -siempre- ascender que descender, hay que ascender, hay que luchar por ello, aunque haya que luchar contra titanes para llegar a la cima.

Conquistar la cima del Olimpo es lo que ocurre cuando llevas tanto tiempo siendo mortal, muriendo y renaciendo tantas veces, que al final se te perdona el sufrimiento y vives en paz.

Eso sí… Quizá nunca se llegue a la cima y estemos condenados a sufrir y ser mortales.

Pero como venía diciendo… Hay sufrimientos que amas, porque te hacen ser mejor y luchar por una vida que, al fin y al cabo, sea válida. Junto a personas válidas.

La vida es muy negativa, y la gran mayoría de personas que residen en ella todavía lo son más. Hay que rodearse de personas que te den el lado bonito, el positivo. Como decía un texto de cuyo autor no me acuerdo “Hay que enamorarse de personas que te hagan perder el vértigo a cambio de las vistas” y yo añado: “y no enamorarse de personas que te den vértigo cuando las tienes vistas”.

Y es que es eso. Jamás me explicaré cómo hay personas capaces de darme vértigo y mareos habitando las dos el mismo pavimento, y después no sentir nada si camino sobre un suelo de cristal en la CN Tower de Toronto.

A ti,

que, como dice esa canción de Zenet: “Me gustas por llevarme a tu terreno…”

…y aprendí a salir de él para evitar el vértigo.

1 ticket, por favor…

…para esta montaña rusa en la que llevo un par de días montada.
Escalofríos, carcajadas, órganos estrujados, miedo, nervios, náuseas, mareo, ahora me río, ahora me cago, ahora subo, ahora bajo. Acaricio el cielo, trago polvo.
El resumen de mis últimos días en estas líneas. Metafóricamente idénticos a lidiar con una montaña rusa. Con sus pros y sus contras. Aunque, eso sí, todo tiene su lado bueno: si estoy en una montaña rusa significa que estoy en un parque de atracciones. Bien.
Maletas, trastos. Esto sí, esto no. Tú te quedas, tú te vienes conmigo. El thriller del viajero, el “thrilling” continuo.
Ando dando tumbos entre “os echaré de menos” y “encantada de conoceros”. Ando a tropezones entre la emoción de la nueva vida y la melancolía de la vieja. Ando despacio pero es cuesta abajo y me acelero por momentos.
Desempolvo el libro de las despedidas y me entra la tos. Se me humedecen los ojos. “Crecer es aprender a despedirse” dice uno de mis referentes.
Crecer… Crecer. Despedirse. Odio las despedidas pero no dejo de irme. Una y otra vez. Vuelta a empezar. Me voy y mi madre me ayuda con las maletas. Y parece que fue ayer cuando estábamos en mi habitación de Palma preparando las maletas para venirme a Madrid a por Mi Nueva Vida vol. I. y mañana viene a la capital para ayudarme a preparar Mi Nueva Vida vol. II. Mi incondicional madre.
Estoy a punto de saltar a un abismo que empieza con 4 meses pero que no es más que el descorche de unos “una y otra vez” de despedidas, abrazos, miradas evocadoras y besos con sabor agridulce que no tienen fecha de caducidad. Ahora empieza todo. Ahora compro el ticket para la verdadera montaña rusa que es la vida que siempre quise.
Ser un alma libre es perder el miedo a deshacerte de tus pertenencias.
Eso es lo que he aprendido después de mudarme 4 veces de ciudad y 5 veces de casas en tan sólo 4 años y medio. Y más cosas de las que me voy a deshacer por el camino.
Ahora. Ahora llega todo. De golpe. ¿No querías caldo? Dos tazas.
4 meses no son nada si se tratasen sólo de 4 simples meses. Pero no es eso. La cosa no se queda ahí. Estos 4 meses son la antesala de un viaje -literal y figurado- que empiezo dentro de 3 días y que ahora me lo empiezo a creer. Dentro de 3 días empiezo el verano más largo de mi vida, que empieza por esta isla, continúa en la mía y después sigue en otra isla un poco más allá. De isla en isla y tiro porque me roca.
Nervios. Náuseas. Quiero un abrazo. Carcajadas. Miedo. Dame un beso. Ahora estoy feliz. Ahora estoy triste. Que me voy.
Que me voy.

Que ya me he ido.