Ser o no ser Charlie, ésa es la cuestión

Harta estoy de leer tantos y tantos textos defendiendo a capa y espada -casi tan famoso como “Yo soy Charlie”- el “Yo no soy Charlie”.

Vamos a ver. Nos encontramos con el clásico problema de siempre: el generalizar o no hacerlo. En esta vida hay demasiadas palabras, demasiadas personas, demasiados ejemplos, demasiados casos, demasiadas visiones, demasiadas cosas. Hay demasiado. Por lo tanto, así de buenas a primeras, diré que es sano generalizar. Es sano resumir. Es sano esquematizar. Porque si nos tenemos que poner a dar explicación de cada matiz, nos podemos morir viviendo.

Con esto quiero decir lo siguiente, lo que yo he entendido tras el “Yo soy Charlie”.

“Yo soy Charlie” no significa “Viva Charlie Ebdo y sus caricaturas sarcásticas y faltas de respeto”. Que parece que es lo único que entienden los moralistas de turno. “Yo soy Charlie” significa “Estoy en contra de la violencia contra el periodismo, de justificar una matanza porque un periodista ha dicho algo que no nos gusta”. Y especifico: contra cualquier tipo de periodismo. Sea bueno, sea malo, sea respetuoso, no lo sea. Una cosa es el humor negro y otra cosa es matar a causa de él. No sé si me explico. De ahí el “Yo soy Charlie”. Muy distinto sería que miles de musulmanes se manifestaran contra Charlie Ebdo y, en respuesta, miles de franceses y europeos respondiéramos con un “Yo soy Charlie”. Pues no, ahí no. Porque la comunidad musulmana tiene todo el derecho del mundo a manifestarse contra Charlie Ebdo, y no por ello deberíamos responder apoyando a Charlie Ebdo. Sin embargo, los musulmanes no tienen derecho a atentar contra Charlie Ebdo, por eso respondemos “apoyando” a Charlie Ebdo, ergo “al caso Charlie Ebdo”.

De ahí mi pequeña explicación al hecho de resumir las palabras, las ideas. Es decir, de poner en una pancarta “Yo soy Charlie” en lugar de poner “Estoy en contra de la matanza que se ha cometido en la sede de Charlie Ebdo” (sencillamente porque no cabe). Por ello, cada vez que se lea un “Yo soy Charlie” no hay que entender que dicha persona apoya la filosofía de la revista, sino que está en contra de lo que dicha filosofía ha producido: un atentado mortal.

Con esto quiero decir, ni más ni menos, que ya está bien de ir de moralistas, de tratar siempre de quedar por encima de la muchedumbre y de quedar como el filósofo antisistema de turno sólo por el hecho de coger una frase representativa y analizarla hasta el infinito y más allá. Porque un buen emisor se basa en esto: en conseguir esconder un profundo y minucioso significado tras la más breve oración. Y, quizá, el truco en ser un buen receptor no es buscarle el sentido literal a esa frase, sino en ser capaz de comprender qué mensaje se oculta detrás de ella.