Cuando me vaya, Madrid…

Madrid, te voy a echar de menos. Ahora. Ahora que empezaba a disfrutarte de verdad, ahora que nos empezábamos a conocer. Es ahora cuando me voy. Ahora que empezábamos esa relación en la que te das cuenta de que sois mucho más que amigos. Te voy a echar muchísimo de menos. Gracias por darme libertad. Gracias por acogerme en tus brazos incluso cuando menos te he querido. Mi querida Madrid. Mi segunda casa. Para siempre.

Voy a echar de menos a tu gente, y a observarla sentada en las fuentes de Sol mientras me como unas pipas Tijuana. Voy a echar de menos el batido de menta y chocolate en Café Manuela, y los paseos al sol por la plaza 2 de Mayo cuando no tengo nada mejor que hacer. Voy a echar de menos la tarta de zanahoria de Mistura, de Manuela y de Coco Bar. Voy a echar de menos esquivar a la gente por Fuencarral y ponerme de mala leche, echaré de menos las vistas de #elaticodelacalleSagasta, mi casa. Desde donde veo el reloj rojo de Gran Vía a la izquierda, que ahora es azul, y se asoma tímidamente el cartel de Schweppes a la derecha.

Echaré de menos las tascas y tabernas, las cañas por menos de 1€ y los litros y litros de Mahou. Echaré de menos los balcones de metal negro, los ladrillos rojos y los decorados de color beige. Echaré de menos los atardeceres de mil colores detrás de ese cartel de Schweppes. Echaré de menos a los heavies de Gran Vía mirándome lascivamente, las castañas asadas de Glorieta de Bilbao, la boca de metro que da a tu calle en Antón Martín. Echaré de menos los lacitos de tu madre, el balconcito del pisi, tu risa de señorona loca. Echaré de menos los pinos de delante del edificio de Sagardía Ramos, número 4. Los insultos de las abuelas jugando al mus cuando se asoma el verano en el jardín de abajo. Echaré de menos cómo entra el sol en mi habitación por la mañana y cómo se despide por la tarde en cualquiera de las casas en las que he vivido. Echaré de menos cantar “Común, común” y tu pelo despeinado a las cuatro de la tarde, nada más despertarte, sobre la capucha de tu sudadera negra de Adidas. Echaré de menos el olor de tu habitación reinada por una planta colgada del techo. Echaré de menos esas noches viendo Masterchef, el mejor día de la semana con diferencia. Echaré de menos nuestras quedadas para comer, reír, reír otra vez y volver a comer, y siempre acabar hablando de sexo. Echaré de menos confesarte mis historias alrededor de dos cervezas, quedar en el 100Montaditos de Principe Pío los miércoles para cenar. Echaré de menos poder ir a ver el Atleti contigo al campo, y que gane 4-0. Echaré de menos que me soluciones la vida cada vez que te veo, en esa cafetería horrible de Ciencias de la Información, y eso que es la de los profesores, que debería tener cierto standing. Echaré de menos que me cuentes tus historias de sexo macabro gracias a Tinder y que me descubras sitios como el Wok to Walk. Echaré de menos que me inculques el amor por España y sus costumbres, o esos ataques de nervios antes de bajar a backstage, algo que hemos tomado por costumbre últimamente. Echaré de menos que me líes y me enredes, y presentarme por sorpresa en tu casa y me ofrezcas una Mahou mientras intentas convencerme de que tengo que ser lesbiana. Echaré de menos que me lleves a Gramabar y me descubras los mejores rincones gastronómicos de Madrid mientras me aseguras que Venezuela me encantaría y yo te aseguro que algún día acabaré ahí.

Echaré de menos las franquicias LlaoLlao, Wok to Walk, TacoBell, TakoAway, Telepizza, Tiger, Miss Sushi, Udon… y todos y cada uno de los bares y tabernas que me acogen sin ni siquiera darme su nombre. Echaré de menos la cúpula de Metrópolis, LatinaTurner, el parque de la Dehesa de la Vila, el cartel de Tío Pepe. Echaré de menos que me ensucies, que me hagas sucia y que me vuelvas tan perra por la noche. Echaré de menos la simpatía de tu gente. Echaré de menos llegar con la boina y la maleta y a los cinco minutos ser de Madrid. Echaré de menos el “01 min” del andén del metro, las plataformas blancas de esas mujeres de Montera. Echaré de menos agujerearme en tus calles por primera vez y experimentarte con y sin pareja. Echaré de menos tus musicales, tu espectáculo, tu famoseo. Que seas la casa de todos y que todos nos juntemos en tus calles. Echaré de menos caminar a las tantas por tus calles. Perderme con mi música caminando sin rumbo y enlazar puntos de la ciudad que jamás habría enlazado. Echaré de menos el kebab de ese rincón que me lleva a Malasaña, perder el tiempo en Curiosité, comprar FrootLoops en CandyShop, dedicar tardes enteras a descubrir tiendas vintage por Manuela Malasaña, Vicente Ferrer, Pez, Espíritu Santo, Palma. Echaré de menos el mercado de San Antón, el de San Miguel, los jardines de palacio. Echaré de menos callejear por El Barrio de las Letras y descubrir casas de gente ilustre. Echaré de menos tu toque castizo en cada esquina, en cada mirada, en cada palabra. Echaré de menos tu música en vivo, tus músicos vivos, tu preciosa silueta. Echaré de menos llegar por primera vez a ti y sentirme dentro del tablero de Monopoly: “Paseo del Prado, ¡lo compro!”.

Te echaré de menos, Madrid, a ti y a todos los seres que me has dado. La adrenalina de la ciudad es altamente adictiva.

Como dijo Antonio Flores “Donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid”.