Gracias

A veces me pongo a pensar y me doy cuenta de la poca importancia que le damos a las personas que nos facilitan la vida.

Supongo que es porque están ahí, no molestan, no se quejan apenas, te comprenden fácil y empatizan rápido. Y, claro, pasan desapercibidas.
Esas personas con las que no hace falta andarse con rodeos. Esas que dicen “que sí, que lo entiendo, no te preocupes :)”. Y lo máximo que provocan es: “¿Le habrá molestado y no me lo dice?, ¿pasa de mí?” Casi es mejor que provoquen eso que que te estén haciendo ver constantemente su malestar, su desconfianza, su todo. Y para asegurarte, les preguntas: ¿seguro que todo bien? Y te responden: que sí, pesada!!!!
Y todo es paz. Y piensas: Joder, gracias. Gracias por hacerme la vida más fácil. Gracias por ser comprensivo, gracias por ser tú. Porque parece que el resto del mundo viene dispuesto a complicarme la existencia.
Son personas como tesoros, personas que lamentablemente ocupan el lugar que está a la sombra en el escenario y que, en realidad, no se merecen.
Personas que pasan desapercibidas, precisamente, porque no molestan.
Personas a las que no llamas y no escribes porque no se enfadan. ¡Y ni siquiera piensan que no les importas! Simplemente saben que estás bien y que demasiado complicada es la vida y demasiadas preocupaciones tienes en la cabeza para convertirse ellos en una más. Qué delicia de personas, ¡y qué poco se las valora!
Qué delicia no tener que dar más explicaciones que, como mucho, una. Qué maravilla.
Hay que acordarse de esas personas, ponerlas en primera fila de tu vida porque, injustamente, sólo te acuerdas de ellas cuando las echas en falta.