Crónica desde Indonesia 1 (23 septiembre 2012)

Hola, bellos del monte, del mar y de la urbe! Primero gracias por acordaros de mí aún estando en esta esquina del mundo esa que si te vas un poco más allá, ya vuelves (gran frase de gran peli) y segundo quería deciros que estamos muy bien y muy ricamente. Y que también me acuerdo mucho de vosotros, familia y grandes amigos y amigas 🙂 Os cuento un poco por encima, diciéndoos que ya dejamos de lado

 el “”””lujo”””” y el wifi y hemos pasado a la incomunicación y la cabaña de madera construida -no sobre sino EN- la playa. En realidad es un pequeño bar de la playa con una habitación tamaño cama y nada más. Bueno, y un ventilador. Y ya. En realidad, no necesitamos nada más! Tenemos una pedazo de mosquitera en la cama al más puro estilo amazonas y el baño tendrá un total de 4 metros cuadrados y 6 cucarachas a las cuales aún no he bautizado porque no les he visto la cara… Hay un vater y una alcachofa de ducha y el sumidero es un pequeño boquete en el pavimento. Mientras nos duchábamos, acabamos bailando la canción El Baile de los Pobres de Calle 13, todo un momentazo. Esto no tiene precio si va unido a dormir y despertar con el sonido del mar y despedirse del día con el sol dándose un bañito en el mar mientras se pone colorado porque le estamos mirando. Hicimos ráfting, nos bañamos en un río bajo árboles extraídos de Avatar y plantas robadas de Jurassic Park. Cogimos tortugas de peso entre 100g y 120kg, me puse una pitón de bufanda, me abrazó un murciélago del tamaño de mi cabeza (o más), un tucán quiso atacar a Rubén y tuvo un águila en el hombro y un mono en el puño, probablemente el primo del mono que me levantó el pareo para ver qué había debajo. Un sinfín de grandes momentos, colores, paisajes y olores que intuía mínimamente en el primer texto en facebook sobre ese viaje que aún no me creía y que ahora os estoy contando. Mil abrazos, besos y besis desde aquí, este pequeño gran lugar en el mundo.

Crónica desde Indonesia 2 (1 octubre 2012)

JEEEEEEEEEEEELOOOOOOOOOOOU!

Bueno, cuantas de cosas que han pasado desde que escribi mi ultimo texto aqui. Resulta que este texto lo empiezo un poco -perdon por la palabra- puteada, porque estaba escribiendo sobre esto mismo un parrafo bastante guay y PUF! se fue la luz en el ciber. Asi que todo muy bien y tal y el texto a tomar “polo cu”, evidentemente. 
El caso es que dejamos la isla de Bali pa

ra cruzar un pedacito de oceano y llegar a Gili Islands (que no se pronuncian con gili de gilipollas, sino “guili”, aunque una de las islas es Gili Meno y da pie a alguinas risillas). El caso, que llegamos a estas islas que definen a la perfeccion la palabra TROPICAL. Bajamos de la barca y dejamos nuestras mochilas de mochileros en la arena, con camisas de palmeras y las gafas puestas nos rascamos la cabeza con la sonrisilla de medio lado admirando el turquesa del agua junto con el blanco de la arena, el marron de la tierra y el verde de las palmeras. No coches, no motos: es lo unico que esta prohibido en estas islas. Por lo demas, todo es posible, siempre que se respete el lugar y las gentes, algo que los lugarenhos saben hacer a la perfeccion y por eso aun no hemos visto a un policia. (Tengo que decir que hoy alucine cosa fina al ver a un chavalin de 10 anhos FUMANDO). El poco cemento que hay repartido por la isla es lo unico que rompe con la estampa paradisiaca: las cabanhas de madera, las aldeas que cruzamos en bici, las vacas, los descalzos, los pollos con una pata, con la otra pata, con las alitas y con la colita, las sonrisas, la luna llena, las duchas al aire libre, los banhos que se da el sol cuando se pone colorado, los geckos, las comidas tipicas, el arroz, el coral, los peces de unos colores que aun no sabia que existian, el moreno del sol y el blanco del salitre en la piel, y un sinfin de capturas mentales que dificilmente voy a olvidar (que por si acaso guardamos en unos 150Gb de fotos y videos, de momento). 

De momento, en Gili Air, ademas de experimentar con lugares y sensaciones, tambien hicimos anillos con un lugarenho, intercambiamos idiomas, y disfrutamos de este pedacito (muy muy muy pequenho) del mundo. Hoy fuimos de una isla a otra en un catamaran capitaneado por Rubén mientras yo pegaba gritos ante los amagos de volcar que se quedaron en nada (muchas olas mucho viento y mucha diversion – inevitable recordar la peripecia del velerito en Bavaro Beach con Frani, eh mama?), y manhana nos vamos a bucear con botellas rondando Gili Trawagan, a darles un saludo a tortugas, pececillos y pecezotes, y algun que otro tiburoncete inofensivo si vamos al Shark Point (que ya nos ha dicho la monitora que estan a bastante mas profundidad de la que estaremos nosotros: ellos a 24m y nosotros a 12m y que solo suben para hacer recados los dias que abre el estanco).

BESOS DESDE AQUI!!!!

Crónica de mi llegada al -supuesto- Primer Mundo (10 octubre 2012)

Y mi crónica de la llegada al -supuesto- Primer Mundo…

Pocos días después de mi llegada al piso, mis compañeras Aina Araújo y Marinna Violeta (las encargadas de ponerme al día con el mundo) me comunicaron el desastre del 25S aquí en Madrid… Algo con lo que me quedé sin palabras… Vengo de un lugar en el que bastan 3€ para comer un día, un lugar en el que los niños viven descalzos, dónde el p

rincipal transporte es el caballo o la bicicleta y el juguete más extraodinario es una cometa. La gente en las calles manifiesta pobreza a partir de la ropa y las casas, y felicidad a través de la mirada. Un lugar donde las sonrisas son la principal moneda de cambio y el único idioma. Llego a un lugar capitaneado por la hipocresía y la mentira y dirigido por la fuerza, la falta de empatía y la incoherencia. Un lugar dónde la gente se manifiesta y vuelve a casa sangrando por ello. Un lugar en el que, como dice mi admirado Ismael Serrano: las hostias siguen cayendo sobre quién habla de más.
El orden es necesario, y la ley dice que se puede recurrir a la fuerza si la desobediencia alcanza cierto límite (me gustaría, saber, igualmente, si ese límite se alcanzó algún momento…). Pero la vergüenza y la pena me abordan al ver cómo porrazos caían sobre personas que intentaban proteger a otras, sobre gente inocente que ni siquiera tenía que ver con la manifestación, y sobre todo vergüenza al ver que ninguno de los actos de esos supuestos “antidisturbios” fue en solitario. 
El “Primer Mundo” golpea de nuevo, fue lo que pensé al ver este espantoso vídeo (http://www.youtube.com/verify_age?next_url=%2Fwatch%3Fv%3DUDCRgqspmyU), al ver cómo se ha resulto la historia de Bretón, al ver a una profesora maltratando a un niño autista hasta llevarlo a la inconsciencia para reanimarlo después a patadas, al ver cómo rescatan a un niño de 11 años secuestrado en Cataluña, al oír gritos de “INDEPENDENCIA” en un campo de fútbol, algo tan ridículo como incoherente. Al ver que, en definitiva, el haber TANTO de TODO hace que un ser que ha conseguido averiguar cuánto pesa el Planeta Tierra -aunque flote en un lugar más estudiado que el fondo marino- no sepa distinguir los distintos ideales de la discusión, y las distintas culturas y el respeto de la lucha y la búsqueda de la absurda superioridad, tan inútil en un lugar -aquél del que vengo- en el que se demuestra que la sociedad avanza con el tiempo, la humanidad NO.

Somos unidades que se desplazan (12 sept 2012)

Viajamos solos. Lo que es viajar, del verbo desplazarse, lo hacemos solos. Se trata de una desconexión, de un “estoy viajando, incomunicado del mundo, y sólo hablo conmigo mismo”. Y eso es lo que nos pasa… O por lo menos a mí.

 

No es algo tan drástico como olvidarse de todo, pero casi. Es como cuando uno pasa unos días ingresado en un hospital y desconecta de todo, porque vive con esa conciencia tranquila del “aquí no estoy capacitado para hacer nada, así que me despreocupo”. Quizá sea algo así. Yo he llegado a viajar sola teniendo acompañantes conmigo. 

 

Repentinamente, las cosas se vuelven muy claras. La mente se aclara, se despeja de lo mundano y sólo se centra en uno mismo y en el paisaje transitorio y borroso al otro lado de la ventana o en los km de altura que te separan del suelo.

 

Hablas contigo mismo, y se lo cuentas al papel. Le cuentas a dónde te vas, por qué lo haces, qué sientes y a quién vas a echar de menos. Incluso a quién quieres. Nunca está de más andar recordándolo, sobre todo en momentos en los que el ritmo trepidante de la vida no te pisa los talones. Y esos momentos, para mí, siempre son desplazándome

 

Mañana cojo un vuelo a Doha (Qatar) en cuyo aeropuerto pasaré una tarde de mi vida. Después, si todo va bien, cogeré mi segundo y último vuelo del trayecto, con destino a Denpasaar (Bali, Indonesia). El primer viaje larga distancia y con un toque místico que hago totalmente sola.

 

Ahí pasaré 3 semanas, entre islas, culturas, olores, ambientes y sobre todo colores. Y, por supuesto, excelente compañía.

 

Éste es el primer escrito del viaje que comienza esta tarde pasando la noche en Barcelona. Irá seguido de muchos más (a mano, por supuesto), los cuales almacenaré en una libreta que tendrá el título HOME.

HOME, que es el Mundo.

 

Escribo desde la inconsciencia y la intemperie en la que me hallo antes de un viaje de este calibre que, por supuesto, aún no me creo.

Es difícil escribir sobre algo de lo que no tienes apenas constancia ni conciencia. 

 

Si algo tengo más que claro es que por fin participo en un viaje del que me siento dueña, junto a mi querido acompañante. Y sé que sólo es el principio de un libro sobre el Mundo, las gentes y las costumbres que nos rodean. Un mundo en el que habitamos y tan poco nos molestamos en conocer. 

 

Pocas cosas hay más excitantes que el decidir abrir la puerta y cruzar al otro lado.